domingo, 12 de agosto de 2012

Cap. 6: Respuestas Inconexas

Luís se puso a investigar en cuanto pudo, se pasó varios días pegado al ordenador sin encontrar nada. Jacob se quedó en el apartamento y poco a poco se fue acostumbrando a aquella desordenada vida. Slender no aparecía casi nunca, Luís a veces se sentía observado, pero al mirar a su alrededor no había nada, pensó que tal vez Slender se hubiera olvidado de él. Pero Luís seguía investigando día tras día, incansable, sentía la necesidad de descubrir el porqué de todo aquello: El Inspector, la pauta de Slender, los asesinatos… algo los conectaba, ¿pero el que?
Una noche, Luís preparó pizza para los dos y se sentaron a la mesa, Jacob empezó a quejarse del desorden.
-Que manía tienes de dejar los restos de comida por todas partes, ¡es desagradable!
-Por favor, ¡pareces mi madre…! ¿De dónde salió esa obsesión tuya con el orden?
-Supongo que de cuidar a mi padre… el pobre estaba loco y cada día tenía que limpiar la casa y apartar cualquier cosa para que mi padre no se tropezara. Un mínimo de dos veces por semana se rompía algún mueble.
-Vaya… ahora me arrepiento de haberlo preguntado.
-Nah, tranquilo. Ya lo llevo cada vez mejor. Lo único que me reconcome es… ¿qué hacías tú en la comisaría el día en que encontraron a mi padre?
-Pues resulta… que yo conocí a tu padre en el tren, cuando él huía de Francia. Además, encontré el cadáver de tu padre en el mismo momento en que la policía lo hizo.
-Entonces te estaban interrogando… ¿y pudiste ayudar? ¿Tú sabías como murió tu padre?
-… –Luís dudó que contestar y Jacob lo notó. Le miró de reojo mientras Luís se inventaba algo– bueno… en el tren me dijo que quería suicidarse, así que muy posiblemente lo hiciera.
-… supongo. –terminó Jacob antes de llevar su plato a la cocina.
Luís volvió a su cuarto y encendió el ordenador. Como siempre, abrió su correo en busca de noticias, publicidad o cualquier cosa. Al ver que no había nada, abrió otra ventana y se puso a buscar información. Media hora después de no encontrar absolutamente nada, sonó un pitido: tenía un nuevo mensaje. Al volver a su correo vio un mensaje, cuyo remitente era anónimo, abrió el mensaje y leyó:
“tienes dudas, buscas respuestas. Yo tengo las respuestas. Sé qué te persigue, siempre observa aunque no siempre se deja ver. Sé qué respuestas buscas. Montnegre, El Corredor. Ven y tendrás las respuestas, Luís Porter Codina”
Luís se extrañó mucho al leer el mensaje, lo releyó un par de veces más y luego se lo guardó. Buscó en internet: “Montnegre, El Corredor” y le salió un mapa. Luís no conocía demasiado bien Cataluña, pero Montnegre estaba moderadamente cerca de Barcelona, pasado Mataró. Tras acabar de guardar los datos que necesitaba se acostó, no tardó demasiado en dormirse, pero ojalá hubiera tardado, tuvo horribles pesadillas. Luís abrió los ojos y se encontraba en una vieja choza de madera, estaba oscuro y era de noche, se oía el llanto de un niño. Siguiendo aquel sonido, subió por unas escaleras, cada paso que daba la escalera crujía y resonaba en la casa. El piso de arriba era más oscuro y macabro aún. El llanto venía de una pequeña habitación, un niño vestido con harapos se escondía bajo una mesa y lloraba, tapándose la cara. Luís se acercó y puso su mano sobre su hombro.
-Tranquilo, pequeño, no tengas miedo. ¿Qué te pasa?
El niño miró a Luís con dos cuencas vacías por ojos mientras gritaba con la boca tremendamente abierta. Empezó a llorar sangre mientras Luís agonizaba de terror. En ese momento Luís despertó de la pesadilla, su corazón palpitaba a más no poder y había empezado a llorar. Se tranquilizó como pudo y se levantó de la cama. No le dio tiempo a prepararse el desayuno cuando vio a Jacob cogiendo las llaves para irse.
-Me voy un buen rato, han llamado de la comisaría diciendo que querían hablar conmigo sobre mi padre.
-Oh, bien… ¡bien! –pensó Luís en voz alta recordando que debía ir a Montnegre.
-¿Pasa algo?
-Oh, nada. Ve, yo tengo que ir a hacer un recado también.
Jacob se fue y Luís desayunó rápidamente para coger las llaves del coche e irse. Yendo por la autopista, pasada la ciudad de Mataró, vio el Montnegre a lo lejos, una montaña donde se encuentra El Corredor, un parque natural. Se desvió y comenzó a subir por la carretera de tierra, tras un buen rato de camino se topó con un desvío en el camino. Rutas hacia izquierda y derecha.
-Mierda, ¿qué camino escojo ahora? –de pronto sonó un pitido, un mensaje en su móvil. Lo encendió y solo había un dibujo apuntando a la izquierda. Luís dudó un segundo, pero definitivamente tomó el camino de la izquierda y entró en pleno bosque. Los arboles eran altos y robustos, solo se oían los pájaros, el viento moviendo las hojas y el paso del coche sobre la tierra. El silencio se vio interrumpido por la música del móvil, alguien le llamaba.
-¿Diga? –preguntó Luís nada más coger el móvil.
-Camino correcto –dijo una voz distorsionada– deja el coche ahí y avanza un poco más a pie.
-¿Porque…?
-Simple precaución. –terminó la voz justo antes de colgar el teléfono.
Luís se lo pensó unos instantes. Pero definitivamente se bajó del coche y comenzó a caminar hacia delante, observando en busca de cualquier anomalía en el paisaje. Al poco rato el camino se acabó en una pequeña explanada de tierra, en medio de esta había una pequeña caja de cartón. Luís se acercó con cautela y poco a poco la abrió. Dentro solo había un sobre, Luís lo cogió y se percató de que, unido con un clip, había también dos fotografías: la primera era en blanco y negro, salía un hombre vestido con una bata blanca, una mujer de pelo negro y vestido blanco y un niño en medio, detrás había una mansión. La otra fotografía era de carné, solo con la cara de un hombre aproximadamente de 35 años, llevaba gafas y tenía el pelo rizado. Se entreveía una bata blanca en el cuello.
Luís abrió el sobre, dentro había más fotografías, pero estas con un nombre y una fecha. Había muchas fotografías, pero parecían estar en orden cronológico. La primera estaba en blanco y negro, era un hombre trajeado, calvo y con cara de pocos amigos; debajo ponía “Krabe Irinov 1913 – 1958” las dos siguientes fotografías estaban también en blanco y negro “Mikael Kernaboyl 1943 – 1958” y “Loik Kernaboyl 1950 – 1958” ambos eran de pelo y ojos negros, pero Loik era más joven y tenía el pelo más corto, los dos chicos iban vestidos con ropa vieja y gastada. Las siguientes fotografías ya eran en color. Las primeras se las miró rápidamente, pero llegó a una más interesante: “Jacques Gilbert 1960 – 1975”. La siguiente era una mujer rubia: “Diane Eugene 1956 – 1999” después estaba otra mujer rubia, la madre de Jacob: “Elizabeth Eugene 1959 – 1999” y por último, el padre de Jacob: “Frederick Gaspard 1955 – 2009” Luís se percató de que muy posiblemente, esa fuera la lista de víctimas de Slender. Pero entonces, Luís se estremeció al ver que la última fotografía era la suya, “Luís Porter Codina 1985 – ????”.  Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo mientras repasaba una y otra vez las fotografías. ¿Quién era el científico de la fotografía? ¿Por qué salía él mismo en una de ellas? Sus pensamientos se vieron interrumpidos, al notar un olor chamuscado en el aire y que empezaba a hacer mucho calor, miró a su izquierda y vio que entre los arboles había una luz rojiza que se propagaba por todo el bosque a gran velocidad. Pronto todo el bosque estaba incendiado, Luís se guardó el Sobre bajo la chaqueta y fue hacia el camino donde había dejado el coche, pero un árbol se precipitó muy cerca, impidiéndole el paso. Tratando de sortearlo, siguió por una ruta entre el fuego, el suelo era negruzco y      Luís inhalaba el nocivo humo mientras seguía por el pequeño sendero. En un momento dado, Luís vio entre las llamas y el humo una sombra muy alta, caminaba con zancadas pesadas, movía sus larguísimos brazos casi rozando el suelo, iba algo encorvado. El ser pasó de largo al lado de Luís y parecía que, allá donde fuera, el fuego se movía con él. Luís siguió corriendo y encontró el camino donde había dejado el coche y siguió corriendo, pero el humo le envenenaba, atontándole. Acabó rindiéndose y cayó al suelo, poco a poco cerró los ojos, mientras veía un coche de policía acercándose y al Inspector Rodríguez saliendo de él y corriendo hacía Luís…

viernes, 10 de agosto de 2012

Cap. 5: Dudas


-De veras que no era necesario que hicieras la cena, Jacob.
-Si voy a estar aquí al menos haré algo de provecho –dijo Jacob sirviéndole la sopa a Luís en la mesa. Seguidamente se sentó– y bueno… ¿cuáles son los horarios, donde duermo, a qué hora…?
-Al final del pasillo tengo una habitación sin usar, te pondré un colchón para que duermas. Y no hay horarios, aquí uno se va a la hora que quiera al sitio que quiera.
-Vaya vida… yo creo que así no podría vivir mucho tiempo, me largaría al extranjero –ambos se rieron entre dientes– bueno, si me lo permites, creo que estos días ordenaré la casa mínimamente.  
-Tú mismo, pero tienes trabajo. Y dime... ¿quieres que hablemos del tema…? –Jacob asintió con la cabeza.
-no me importa, al fin y al cabo nos puede ayudar a saber el porqué de todo esto… creo que todo esto empezó hace diez años, cuando mi madre, Elizabeth, murió en un accidente, cayó por un acantilado y fue encontrada por mi padre, cuando salió a buscarla –Luís escuchó atento aquella explicación, parecía haber cierta pauta: muy posiblemente Elizabeth fuera asesinada por Slender, tras morir, Frederick sufre sus acosos, y una vez muerto le había tocado a él, a Luís– desde entonces, mi padre ha tenido síntomas de locura… recuerdo que una noche me desperté al oír un disparo, al salir de mi habitación vi a mi padre con un revólver, había un agujero de bala en la pared, creía que había alguien –Luís frunció el ceño al oírlo, Jacob nunca vio nada paranormal, pero Frederick sí que vio a Slender. ¿Por qué solo las víctimas que escoge Slender le ven? Y aún más misterioso: ¿porque tardó diez años en matarle?– los médicos diagnosticaron locura esquizofrénica, estuve cuidando de él todos estos años. El hombre entrañable y cariñoso que conocía se había vuelto loco. Un día dejó una nota… que decía, escrito con temblores, que se iba a Barcelona huyendo de “aquello que le acosaba”…
Luís suspiró, tras una larga pausa retiró su plato y lo llevó a la cocina, tras eso fue a su habitación y se puso con el ordenador. Jacob recogió sus cosas de la mesa y cruzó el pasillo para prepararse su cuarto. Luís se conectó a internet y por casualidad vio a su buena amiga Emilie conectada, abrió el Chat.
-Hey, Emilie –empezó Luís.
-¡Hola, Luís! –contestó ella a través del chat.
-¿Conectada a estas horas?
-Sí, me costaba dormir. Solo han pasado dos días desde que te fuiste y ya te empiezo a echar de menos…
Emilie era una amiga de la infancia de Luís. Se conocían desde parvulario y ambos vivían en Madrid, hasta que Emilie se tuvo que ir a Font-Romeu con su familia cuando tenía 15 años. Luís se quedó en Barcelona al morir su padre cuando tenía 21 años, cada cierto tiempo se veían en persona, o él iba a Francia o ella a España, pero el resto del tiempo chateaban.
-Jeje, me tomaré eso como un halago… oye últimamente me he interesado por un crepypasta.
-¿Cual esta vez? –dijo ella bromeando.
-pues… la de Slender –ella era semi-experta en crepypasta, se sabía los más famoso, y Slender era uno de ellos.
-vaya, pensé que no te gustaba esa historia.
-ya… pero últimamente me… hablaron de él y me he puesto a cotillear, ya me conoces. Me gustaría que buscaras cosas también.
-¡de acuerdo! Ya sabes que me gustan mucho los crepypasta
-si esperas un rato te traigo cosas interesantes.
-OK.
Emilie se desconectó del chat un buen rato, mientras tanto, Luís se sentó en su cama a descansar. Pensó un buen rato en el Inspector Rodríguez y en Jacob y la historia de su familia. ¿Qué querría el Inspector que le haya interesado? Miró su ordenador unos instantes, se levantó y se puso a buscar. Buscó en Google: “Inspector Rodríguez Barcelona” y vio un artículo en Wikipedia:
“Rafael Rodríguez Gilbert
Rafael Rodríguez (1967 – actualidad) es un inspector de policía reconocido en Barcelona. Nacido el 22 de junio de 1967 en Peumaigre, Francia. Fue nombrado Inspector de Policía en 1938 y hasta la fecha ha resuelto todo tipo de casos.”
-¿Gilbert…? ¡Jacques Gilbert! –Luís abrió el documento con el Artículo de Gilbert y leyó la inscripción del sello: “Poste de Pólice de Peumaigre”– el inspector… ¿conocía a Jacques Gilbert? Un segundo… –Luís siguió leyendo, se fijó en el nombre de una de las niñas: “Elizabeth Eugene” Luís recordó las palabras de Jacob: “cuando mi madre, Elizabeth, murió…” y su apellido “Gaspard Eugene”…– ¡Jacob era hijo de Elizabeth! Entonces… Slender mató a Jacques Gilbert, quien tiene algún tipo de familiaridad con el Inspector, años después muere Elizabeth, quien conoció a Jacques, diez años después muere Frederick, marido de Elizabeth… ¿Quién será el siguiente? –de pronto, sonó un pitidito del ordenador, Luís puso el chat, había un nuevo mensaje de Emilie.
-¡he encontrado algo muy interesante! –Emilie puso un enlace, Luís lo abrió y apareció una imagen con un círculo atravesado por una X. Luís lo reconoció como el símbolo que dejó Frederick antes de morir– dicen que es el símbolo de Slender. Según un crepypasta, se ha visto tallado en el tronco de algunos árboles o dibujado con tizas en la roca –Luís se guardó la imagen en una carpeta apodada “crepypastas”
-gracias, Emilie, me guardaré la imagen.
-¡si te es útil dímelo!
-muchas gracias, me voy a dormir, ¡a ver si te conectas mañana!
-lo mismo digo, ¡adiós!
Luís cerró todas las ventanas abiertas y se levantó para ir a la cama, cuando de pronto vio, horrorizado, que más allá de la puerta de su habitación solo había oscuridad. De los bordes de la puerta salía un aura negruzca que iba entrando cada vez más en la habitación. De las paredes que tocaban la puerta salieron cuatro largos tentáculos que se iban pegando a la pared mientras se arrastraban. Luís sacó su navaja rápidamente, amenazando a aquello que hubiera tras la puerta. De la puerta salió una mano pálida y ensangrentada, la mano se acercó a Luís, revelando su brazo cubierto por una manga negra. Luís se retiró hasta la pared, tirando el cuadro que había colgado y la mano se alargó hasta tocarle el pecho. Su corazón palpitaba a mil por hora, solo había visto el brazo del ser y ya se había quedado inmóvil. De repente, la mano le atravesó el pecho y Luís cayó en un profundo sueño…
-¡Luís, Luís, despierta! –Decía la voz lejana de Jacob. Luís se despertó y vio a Jacob preocupado.
-¿Qué… que ocurre?
-¡Menos mal! Llevo diez minutos tratando de despertarte, ¡casi llamo a una ambulancia!
-Em… tranquilo, Jacob. Es habitual en mí eso, a veces tengo el sueño muy profundo… –mintió Luís.
-Uf, pues avisa, me diste un susto de muerte…
-tranquilo… ¿qué hora es?
-las nueve de la mañana, dormilón.
-¿¡tan temprano!? ¡Pues déjame dormir más!
-bueno, aquí te dejo, ¡pero en una hora te despierto!
Jacob cerró la puerta de la habitación al salir. Luís se levantó de la cama y se dirigió hacia el cuadro que había en la pared, era un cuadro que, en realidad, era un poster con el Creeper, del juego Minecraft, pero a Luís se le ocurrió enmarcarlo para que no se rompiera. Luís recordaba que, cuando apareció Slender, el cuadro se cayó, pero ahora seguía donde estaba.
-no, no fue un sueño –dijo Luís, pensando en voz alta mientras cogía el cuadro cuidadosamente– no me engañas, Slender. Esta vez no. –Luís sacó el cuadro, revelando una marca de sangre en forma de mano, marcada en la pared– ¿Porque haces esto? ¿Qué escondes…?

jueves, 9 de agosto de 2012

detalles: Capítulo 4

hoy no hay demasiadas noticias, simplemente os pondré el Tektek del Inspector Rodríguez y un video.

Video:
e aqui un gameplay de EDDisplay jugando al unico juego de Slender:
SLENDER - huyendo del largilucho. es bastante divertido XD

imagen:
Dream Avatar
Inspector Rodríguez

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cap. 4: Buscando


La policía se llevó a Luís a comisaría, donde prepararon una interrogación para aclarar el misterio. Luís se sentó en una silla, cuando apareció un cuarentón vestido con el uniforme de policía, su pelo era negro, corto y encrespado, con algunas canas, tenía una barba de tres días. Dejó sobre la mesa una carpeta con informes del caso y se sentó frente a Luís.
-Veamos… Luís Porter Codina. Tutora legal: Carmen Codina Hernández. Residencia: Barcelona. Residencia del tutor legal: Madrid –el policía miró de reojo a Luís– ¿y eso?
-… –Luís suspiró y respondió– Mi padre me trajo aquí hará unos cinco años. Como era un alcohólico era yo quien le cuidaba.
-En el informe consta como fallecido. Motivo: accidente de coche.
-Así es… aquella noche había sido escogido para que condujera de vuelta, pero se pasó con las copas y… en definitiva, me independicé y decidí quedarme aquí.
-De acuerdo, todo en orden. Si no le importa, Luís, empezaremos con el caso. ¿Dices que conocía a ese hombre?
-En efecto, el otro día volvía de Francia y hablé con él. Tras eso desapareció
-Dígame, Luís, ¿qué le dijo exactamente?
Luís pensó un buen rato antes de contestar, pensó que era mejor omitir la parte relacionada con Slender, o lo tomarían por loco.
-Lo cierto es que el hombre estaba desquiciado, incluso tenía la intención de suicidarse con un revólver. Estaba obsesionado con que “algo” le perseguía, estaba completamente paranoico. Después de la conversación fui a  avisar a un vigilante que había  en otro vagón, y al volver no estaba…
-Hum… todo lo que dices encaja en el informe, se tendrá en cuenta tu testimonio. Y lo cierto es… que dejando de lado las pruebas forenses que debemos hacer aún, todo indica que podría tratarse de un suicidio… hace diez años murió la esposa de ese hombre, desde entonces ha presentado muchos síntomas de locura. En fin, gracias por su ayuda, Luís –ambos se levantaron y el policía le abrió la puerta a Luís, pero este esperó un  momento antes de salir.
-dígame, el hombre se llamaba por casualidad… ¿Jacques Gilbert? –el policía se sorprendió mucho al oír aquel nombre, se quedó pensativo unos instantes y se puso serio.
-No. Su nombre era Frederick Gaspard. –Luís abrió los ojos como platos al oír el apellido “Gaspard”
De pronto, oyó a lo lejos una voz familiar. Resonaba en la recepción de la comisaría.
-¡Déjenme pasar! ¡Está ahí mi padre, ¿verdad?!
Luís salió del despacho del policía y fue a la recepción a ver qué ocurría, allí vio como Jacob Gaspard trataba de pasar, con dos policías impidiéndoselo.
-Tranquilícese, le atenderemos más tarde.
-¡¡No, allí está mi padre y lo sé!!
Luís se dio cuenta de que uno de los dos policías era quien se lo llevó cuando encontraron el cadáver, avanzó hacia ellos y trató de pararles.
-¡Es mi amigo, puede pasar! –el policía vio a Luís y asintió.
Jacob se acercó a  Luís y este le miró en silencio. Jacob le miró de reojo, inseguro, Luís negó con la cabeza y puso la mano sobre su hombro, no era necesario decir más. Jacob asimiló lo que sucedía y abrazó a Luís mientras lagrimaba. Luís alargó el abrazo un buen rato, le recordó al día en que perdió a su padre, en una situación muy semejante. Luís tuvo la… “suerte” de que nunca se llevó bien con su padre, pero la tristeza de Jacob y su afán por encontrarle demostraban su amor.
Mientras la policía hablaba con Jacob, el inspector que atendió a Luís volvió y le puso la mano en el hombro a Luís
-Mira, chico… quiero que sepas que, si tienes cualquier problema… pregunta por el Inspector Rafael Rodríguez, di que son asuntos familiares.
El Inspector Rodríguez se alejó dejando a Luís extrañado, dedujo que el caso le había interesado de alguna manera. Luís miró el pensativo el pasillo por donde se había ido el Inspector Rodríguez, buscando la relación entre aquel hombre y todos aquellos acontecimientos. Jacob salió de la interrogación, miraba al suelo callado y se sentó en un banco. Luís se sentó a su lado y trató de animarle.
-Lo siento muchísimo, Jacob… –Jacob seguía callado, mirando al suelo– si quieres… puedes quedarte un tiempo en mi apartamento.
-M-muchas gracias, Luís… pero no quiero estorbarte.
-Tranquilo, siento… la necesidad de ayudarte. Hasta que vuelvas a Francia puedes quedarte por aquí, hasta que se aten cabos en el caso.
- *snif* Gracias, Luís. –Jacob se levantó y Luís le acompañó hacia la salida– Luís…

-¿Si, Jacob?
-¿Crees que mi padre se suicidó de veras?
-… –Luís calló un rato, pensando que contestar– lo cierto es que no lo sé. Pero no le des más vueltas a su muerte, puedes hablarme de él en el apartamento.
Luís fue hacia su coche, que había sido cogido por la grúa y llevado a la comisaría en busca de posibles pruebas. Un policía le dio las llaves y se subió con Jacob. El camino transcurrió en silencio, Jacob todavía lo asimilaba, Luís sabía la verdad, sabía quién era el asesino… pero no podía decírselo a su amigo. ¿Cómo se le puede decir a un amigo que su padre ha sido asesinado por un ser como Slender? El coche llegó al portal.
-Aquí es… –Luís y Jacob subieron al tercer piso y entraron en el caótico apartamento– ya sé que no está muy ordenado, pero se puede vivir e él.
-¿¡Pero esto que es!? ¿Cómo puedes vivir así?
-¿Ocurre algo? –dijo Luís, viendo como Jacob empezaba a recoger la ropa
-Odio el desorden, ¡dime donde está la lavadora y el armario y empiezo a recoger!
-Jeje… –Luís sonrió al ver a Jacob distraído con algo que no fuera la reciente muerte de su padre.
Pero algo seguía distrayendo a Luís, había tres misterios: Porqué Slender mató a Frederick Gaspard, porqué se había manifestado ante Luís en aquellas ocasiones, y por último… ¿Qué relación tenía el Inspector Rodríguez en todo esto, como para interesarse en el caso hasta el punto de considerarlo, “asuntos familiares”?

martes, 7 de agosto de 2012

detalles: Capitulo 3.

en primer lugar, Jacob será importante de aqui en adelante, tanto en la historia como para Luís.

images time!
Jacob Gaspard Eugene:
Dream Avatar


el simbolo que deja el anciano:




http://images1.wikia.nocookie.net/__cb57524/theslenderman/images/b/b9/1302138712923.png

y por ultimo, muchas gracias a Angelitha y Xaros por hacerme estos dibujos de Luís :D :
http://mediacdn.disqus.com/uploads/mediaembed/images/318/8163/original.jpg
dibujo de Xaros
http://mediacdn.disqus.com/uploads/mediaembed/images/315/9510/original.jpg
dibujo de Angelitha
 


(su-su-suscribeteeee, y dalalai si quieres, su--su-suscribeteeeeeee, ninioninoniiiiii)

viernes, 3 de agosto de 2012

Cap. 3: El Inquilino

Luis se despertó frente a la pantalla de su ordenador. Estaba abierto el documento que contenía el artículo que Luis se había guardado. Miró la hora, eran las doce de la mañana, la luz funcionaba perfectamente.
-fue todo… ¿un sueño? –Luis no distinguía la realidad  del sueño en ese momento, miró atentamente a su alrededor –era tan… real.
Luis volvió a mirar el artículo, fijándose en el nombre del niño secuestrado, Jacques Gilbert. ¿Tal vez podría ser el anciano del tren? ¿Y si, de pequeño, fue secuestrado por un hombre con traje y se pensara que era Slender? Con los años, tendría un trauma y se obsesionaría, hasta el punto de querer suicidarse… pero las piezas no encajaban, era poco probable que el concepto de “Slenderman” existiera por aquella época, además, el anciano dijo que llevaba siendo perseguido diez años, pero por otro lado, tenía sentido: Jacques tendría 15 años en el 75, en la actualidad debería tener unos 50 años, sabiendo el estado de locura en el que se encontraba, incluso podría ser más joven. Luís quiso desvelar el misterio, así que cogió su mochila con las llaves y su cartera, se vistió y fue raudo hacia la estación de nuevo, el único lugar donde podría encontrar de nuevo a Jacques. Sábado al mediodía, las calles abarrotadas de gente, Luís cogió un atajo por las callejuelas de Barcelona.
-odio que se acumule tanta gente…
Luis fue caminando con tranquilidad, memorizando todo lo que tenía hasta el momento. Uno de los “problemas” de Luis es que a veces es muy lanzado, sin saber las cosas bien o como hacerlas, trata de lograr su objetivo ciegamente. Sabía que debía ponerse a pensar antes de actuar, pero era demasiado impulsivo.
 Luis andaba por las oscuras y abandonadas calles de Barcelona, le gustaba estar solo y poder pensar en sus cosas sin que nadie le molestara. En un momento dado, Luís pasó por una callejuela que desprendía un olor putrefacto, se paró un momento a  analizar el olor y miró a su alrededor. Todo parecía normal hasta que miró detrás de él, en la salida de la callejuela se abría un pequeño banco de niebla que no dejaba ver nada a Luis, pero entre la niebla se distinguía una sombra, la misma que vio en el portal. Asustado, Luis empezó a correr en dirección contraria, siguiendo el camino memorizado. Mientras corría, unos extraños susurros entraron en la cabeza de Luís, le hablaban en una lengua extranjera y en tono amenazante. Al fin, Luis salió de las callejuelas y casi entra de lleno en la carretera abarrotada de coches. Miró atrás, ya no había peligro, el corazón le palpitaba a mil por hora, pero cruzó la calle para seguir, la estación estaba a la vuelta de la esquina.
Luís llegó a la estación de nuevo, dispuesto a descubrir cualquier cosa del anciano, quien sospechaba que era Jacques Gilbert. Nada más entrar vio a toda la gente yendo de un lado para otro con prisas. El ruido no dejaba escuchar los mensajes grabados que salían de los altavoces. Luís fue directo hacia la recepción, para preguntar dónde podía denunciar, a la vigilancia de la estación, la desaparición de Jacques. Pero de pronto, oyó una voz lejana, camuflada entre el ruido, miró a su izquierda y vio a un perdido chico que preguntaba a cualquiera que pasara a su lado.
-Disculpe… eh, perdone, pero… –nadie le hacía caso, pero Luís sí que se fijó más en él.
Era rubio, de pelo no muy largo, sus ojos eran azul claro y aparentaba unos 23 años. Luís se acercó al chico, le comprendía a la perfección, en más de una ocasión se había encontrado en una estación desconocida, perdido y sin que nadie le hiciera caso. Tal vez por compasión o comprensión, Luís decidió ayudarle.
-¿Necesitas ayuda?
-Oh… si, por favor. Verá, busco…
-espera, aquí hay mucho ruido. Mejor fuera. –Luis y el chico salieron de la estación y el ruido cesó por completo– mucho mejor… aún no me has dicho tu nombre.
-Jacob Gaspard Eugene, un placer. ¿Y usted…?
-Luís Porter Codina. Y no me trates de “Usted”, por favor. Ahora dime, ¿en qué puedo ayudarte?
-pues… es mi primera visita a Barcelona, y no es precisamente de placer, por lo que no pude organizármelo bien y no sé dónde hospedarme.
-conozco un hostal de precios muy módicos por aquí cerca… pero no nos quedemos aquí en medio, vayamos a algún bar.
-no tengo dinero a mano…
-¡eso no es problema! –dijo Luis, sacando su cartera.
Luís invitó a Jacob a un café en una terraza cercana al parque Güell. Mientras se lo tomaban con calma, Luís miró atentamente a Jacob y recordando sus apellidos: “Gaspard Eugene”… lo había oído antes, estaba seguro.
-así que… eres francés, ¿eh, Jacob?
-sí, de un pueblecito cerca de París.
-pues hablas muy bien el español, ¿tienes familia por aquí?
-no, pero mis abuelos eran españoles, durante la Guerra Civil tuvieron que huir a Francia. Mi padre y posteriormente yo fuimos educados en español.
-interesante… y dime, ¿qué te trae por Barcelona?
-pues es precisamente… mi padre. Desde que mi madre murió hace unos años está destrozado y dejó una nota diciendo que quería ir a Barcelona y se había fugado. Iré a demandar su desaparición a la policía.
-vaya… pues espero que le encuentres. A un par de manzanas en esa dirección hay un hostal llamado Alogar, es barato y creo que tienen folletos informativos por si quieres visitar la ciudad.
-muchas gracias. Bueno, creo que tendría que ir al hostal ya. Un placer. Sr. Luís
-de nada, hombre. A ver si nos vemos otro día. ¡Oh, y suerte con tu búsqueda!
Luís y Jacob se despidieron mutuamente y cogieron caminos separados, Jacob a hostal, y Luís a su apartamento. Nada más llegar, Luís se puso a hacer unos fideos rápidos y le dio un buen trago a la lata de cerveza. Seguidamente, fue a su cuarto dispuesto a chatear en su ordenador o mirar sus páginas habituales. Nada más sentarse en la silla de escritorio y mirar la pantalla, vio atónito de nuevo un mensaje en las Notas Rápidas: “Вы наступны”. La misma frase de nuevo.
-no puede ser –dijo Luís, levantándose rápidamente de la silla –pero… ¡si fue un sueño! Fue un sueño… –repetía una y otra vez.
Luís miró el reloj del ordenador, las ocho de la tarde, ya casi había  anochecido por completo, pero todos los recuerdos del sueño volvieron, las sombras, la luz, aquel ser… no eran un sueño, Slender existía, estaba seguro. Jacques lo sabía, y lo había sufrido durante diez años. Ya se decidió, salió de la casa y arrancó su Ford Kia, el cual casi nunca usaba para moverse en la ciudad, y fue directo hacia la estación. Entro lo más rápido que podía, impetuosamente había decidido ayudar a ese hombre como fuera. Fue a recepción.
-vengo a demandar una desaparición. Ayer por la noche un hombre desapareció en uno de sus trenes.
-¿sabe usted el nombre?
-Jacques Gilbert
-… no nos consta ningún billete a nombre de ningún Gilbert, ni de subida ni de bajada.
Luís pensó un momento, ¿y si Jacques nunca hubiera bajado del tren? O, al menos, no en la estación. Luís volvió raudo al coche, Jacques debía estar en las vías, o en algún lugar entre la estación de Barcelona y Badalona, ya era de noche. Tan curioso e impetuoso como siempre, comenzó a pensar en Jacques y en la criatura. Si de verdad existía, Jacques no desapareció por sí mismo, Slender se lo llevó. La única esperanza de Luís era que el hombre siguiera allí, en las vías, así que fue directo a la autopista, calculando el lugar preciso donde Jacques desapareció. Recordaba que debía ser cerca de la playa, ya que poco antes miró el mar desde la ventana, así que siguió las vías del tren desde la carretera buscando una zona cercana a la playa. Al fin encontró una zona que coincidiera, pero la carretera se desviaba. Se bajó del coche y avanzó un poco más, había una valla que impedía el paso, más allá de esta solo oscuridad. Volvió al coche, cogió una linterna y saltó la valla, comenzó a caminar al lado de las vías, observando atento. Solo veía lo que alumbraba la linterna, las grises nubes tapaban la luna y las estrellas. Mientras caminaba, comenzó a mirar a su alrededor, el camino era llano, se oían las olas del mar al otro lado de las vías. De pronto, vio una sombra a lo lejos, comenzó a correr hacia ella, alumbrándola con la linterna, pero de pronto se dio cuenta de que no era natural, se movía de forma lúcida, y los brazos eran tan largos que llegaban al suelo. Uno de ellos comenzó a alargarse en dirección hacia Luís, hasta que una mano negra le atravesó el pecho y cayó al suelo. La linterna se le había caído también y fue rápido al cogerla de nuevo y alumbrar a la sombra, pero ya no estaba. Se levantó y fue hacia donde la había visto, una neblina empezó a cubrirlo todo. Siguió caminando, mientras volvían aquellos susurros, de pronto vio una luz difuminada entre la niebla, fue directa hacia ella y viendo que no era una, sino varias. Cuando logró llegar a aquella luz y la niebla se disipó, vio dos coches de policía y una ambulancia. Se acercó más y vio que tras un cordón policial estaba el cadáver de Jacques en el suelo, muy cerca de las vías. Había una marca de sangre que salía de su boca hasta un pequeño charco rojo en el suelo. Un policía se interpuso.
-Aquí no puede estar. –el policía agarró a Luís para que no pasara.
-¡yo conozco a ese hombre! ¡Estaba ayer en el tren!
-¿¡como dice!? –el policía le soltó un segundo y Luís se acercó más al cadáver.
Desprendía un olor putrefacto y tenía sangre en su mano izquierda. Al lado de la mano había un extraño símbolo escrito con sangre: un círculo algo grande con una X que lo atravesaba saliendo los bordes de la X del círculo. El policía volvió a agarrar a Luís y pretendía arrastrarlo lejos del cadáver.
-tienes muchas cosas que explicarnos, joven…

miércoles, 1 de agosto de 2012

Detalles: Capitulo 2.



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tras el nuevo capitulo de Slender, es hora de poner cosas random for you!
en primer lugar, el Articulo que encuentra Luís está inspirado en un crepypasta donde el articulo tenía tres niños, Slender y una señora.

Imagenes
 tengo un par de imagenes divertidas:



Slender cuando no miras